Corpus de pueblo

 

 
LA FIRMA - Viernes 23 de Mayo 2008

Siguen siendo uno de esos jueves que relucen más que el sol. Jueves de traje nuevo y de corazones limpios. Y de pueblos limpios, que se visten de fiesta grande. Pueblos que superaron, porque el pueblo siempre puede cuando de las cosas del pueblo se trata, aquella oleada de cambios del jueves de toda la vida a un domingo que ya no será igual, aunque lo vistan de romero y juncia, de balcones engalanados con colgaduras, y panes y espigas de trigo con racimos de uva recién cortados de la viña.

Pueblos que defendieron la fiesta del jueves, porque el Corpus del pueblo siempre fue el jueves, porque los tiempos no pueden, ni deben, cambiar las tradiciones de siglos. Pueblos que hicieron grande su fiestas, sin tener que ser Granada, Sevilla o Toledo, porque siguen siendo fieles a lo que les enseñaron sus antepasados, que saben arrodillarse, sin vergüenza, cuando pasa el Santísimo bajo palio, o sobre la antigua Custodia que lleva el Cuerpo de Cristo.

Pueblos que quizá no sepan que lo que antes era “normal”, ahora ellos lo hacen “extraordinario”, que quizá no sepan que están siendo guardianes de una historia, que conservan con mimo, por costumbre, algo que acabará convirtiéndose en reliquia.

Pueblos que han sabido cuidar algo que hoy muchos consideran rancio, pero que no es más que el sabor de pueblo pueblo que, a pesar del tiempo, han sabido conservar lo que sus antepasados hacían hace siglos.

¿Qué sería de Carrión de los Céspedes, de Aznalcázar o de La Puebla del Río, sin un jueves de Corpus?

Corpus de pueblo alfombrado de romero, de niños de “primeracomunión” tirando pétalos, de “viejos” que se arrodillan al pasar el palio del Santísimo, de banda tocando “Triunfal” detrás de la Custodia... de voces limpias de mujeres entonando “cantemos al amor de los amores” y “alabado sea el Santísimo...

Corpus de pueblo, que se viste de limpio para recibir a Dios por sus calles. Como siempre, un jueves que reluce más que el sol.

 

Francisco José Pavón